Durante muchos años pensé que emprender era algo reservado a quienes montaban una empresa. A quienes tenían una gran idea. A quienes asumían riesgos económicos y decidían abrir un negocio.
Con el tiempo, y tras fundar 3 empresas, descubrí que el emprendimiento más importante que podemos afrontar no consiste en crear una empresa, sino en construir una vida que sintamos verdaderamente nuestra.
Y esa idea cambió mi forma de entender la vida. Porque todos emprendemos cada día.
Emprendemos cuando aceptamos un trabajo. Cuando terminamos una relación. Cuando decidimos tener un hijo. Cuando cambiamos de ciudad. Cuando nos reinventamos profesionalmente. Cuando decimos "sí". Y también cuando nos atrevemos, por fin, a decir "no".
Y visto así, te invito a preguntarte....
¿Estoy emprendiendo una vida que he elegido conscientemente o simplemente estoy viviendo la que otros diseñaron para mi?
¿Estoy diseñando y construyendo mi propio Camino o, por el contrario, sigo Caminos trazados por otros, aunque sienta que no me pertenecen?
Durante años hice lo que se suponía que debía hacer.
Estudié. Trabajé. Asumí responsabilidades. Fui creciendo profesionalmente. Alcancé metas que años atrás habría considerado un éxito. Y, sin embargo, convivía con una sensación incómoda que durante mucho tiempo intenté ignorar. Y digo intenté porque, efectivamente, no lo conseguí.
Desde fuera parecía que todo iba bien. Pero por dentro había una pregunta que regresaba una y otra vez:
¿Es esto el éxito?
Tardé años en comprender que aquella pregunta escondía otra mucho más importante.
No era "¿qué trabajo quiero tener?".
Era: ¿Qué vida quiero construir?
Y fue entonces cuando comprendí que había dedicado mucho tiempo a diseñar mi carrera profesional y muy poco a diseñar mi vida.
En ¡Atrévete a desnudarte! escribo una frase que resume el origen de este Camino:
"¿Acaso nuestra vida no es una gran obra en sí misma, la única que hemos venido a construir y gestionar?"
Durante demasiado tiempo hemos entendido el emprendimiento como un concepto exclusivamente empresarial.
Yo creo que el emprendimiento empieza mucho antes.
Empieza cuando dejamos de esperar que alguien venga a decirnos qué hacer.
Empieza cuando dejamos de responsabilizar a las circunstancias, al mercado, a la empresa, a la economía o a la suerte de la dirección de nuestra vida.
Empieza cuando asumimos que la libertad no consiste únicamente en romper cadenas, sino en saber qué queremos hacer con ella.
Vivimos un momento extraordinario. La inteligencia artificial, la transformación tecnológica, los cambios demográficos y un mercado laboral cada vez más incierto están cuestionando muchas de las certezas sobre las que construimos nuestra carrera profesional.
Pero quizá el mayor cambio no sea tecnológico. Quizá sea humano.
Porque cada vez necesitaremos menos personas que esperen instrucciones y más personas capaces de pensar, decidir, aprender, colaborar, reinventarse y liderarse a sí mismas.
Eso, para mí, es el Emprendimiento Personal.
No significa que todos tengamos que montar una empresa.
Significa que todos deberíamos aprender a dirigir la empresa más importante que tendremos nunca: nuestra propia vida.
Durante las próximas semanas quiero invitarte a recorrer conmigo las 11 etapas del Emprendimiento Personal.
No será un resumen del libro. Será una conversación.
Compartiré ideas, preguntas, historias y aprendizajes que espero te ayuden a mirar tu vida desde otra perspectiva.
Porque creo que las buenas preguntas tienen el poder de cambiar una vida. Y la primera de todas es esta:
Si tu vida fuera el proyecto más importante que vas a dirigir jamás…
¿La estarías gestionando de la misma manera que lo hace hoy?
¡Buen Camino!
Cristina Recuero

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